«Europa, cuatro años después» – tribuna del secretario de Estado de Asuntos Europeos, M. Clément Beaune [fr]

16 de mayo de 2021, L’Opinion

«Mucho más que simples anécdotas, ya que están profundamente vinculados a nuestro modelo de civilización, el desarrollo de las universidades europeas y el reconocimiento del derecho de autor frente a los GAFA son éxitos que se iniciaron en la Sorbona»

El 7 de mayo de 2017, la Oda a la Alegría sonaba en el patio del Louvre, donde se fusionaban grandeza francesa y compromiso europeo, y se forjaba una promesa electoral, en adelante la de un Presidente electo.

Cuatro años más tarde, Europa ha cambiado y mucho.

En el torrente continuo de información, cada noticia, sobre todo cuando es buena, se asimila en pocas horas. Pero acordémonos de hace cuatro años: no había pasado ni una década desde el drama griego, que casi hizo saltar al euro en el verano de 2015; menos de un año después del referéndum sobre el Brexit, que parecía anunciar la disgregación del club europeo; pocos meses después, la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, que impactó nuestras democracias. Europa perdió al Reino Unido y, de cierta manera, a los Estados Unidos. En Francia, el debate presidencial opuso un firme compromiso con Europa, al que se añadía una férrea convicción de que su reforma era posible, bajo el impulso francés, a una estrategia de salida confusa, a una radicalidad fácil que rechazaba el euro sin presentar alternativa alguna.

El candidato Emmanuel Macron prometió, en su primera cumbre europea, iniciaruna reforma laboral sobre los trabajadores desplazados. La conseguimos, a pesar de todos los pronósticos, y pronto, la completaremos con un texto que permitirá sancionar a las sociedades «fantasma» creadas con el único propósito de desplazar a los empleados a bajo coste. Pocas semanas después, el Presidente de la República pronunciaba el discurso de la Sorbona: más de cincuenta propuestas, un llamamiento para el arranque de Europa, la afirmación de su soberanía frente a China y a Estados Unidos.

¿En qué situación estamos ahora, cuatro años más tarde? No se trata de enumerar los avances, pero dado que los logros europeos suelen hacer muy poco revuelo, un poco de perspectiva y una dosis de orgullo no harían ningún daño. La Europa de la defensa llevaba cincuenta años siendo tabú. Emmanuel Macron propuso «una fuerza de intervención común, un presupuesto de defensa común, una doctrina común para actuar». Con el Fondo Europeo de Defensa, la iniciativa europea de intervención y, siendo el ejemplo más concreto la fuerza especial Takuba en el Sahel que agrupa a las fuerzas especiales de muchos países de Europa, ya hemos emprendido el camino de forma irreversible.

Salario mínimo. ¿En el ámbito social? Además de la reforma sobre los trabajadores desplazados, hemos consagrado el permiso parental en toda Europa y, dentro de poco, una ley europea impulsará un salario digno en cada uno de los páises de la Unión. El impuesto sobre los gigantes del internet, el impuesto sobre el carbono en las fronteras de Europa para evitar el dumping ecológico; ya están sobre la mesa europea de diálogo, y la apoyan muchos países: Francia estaba sola hace cuatro años, y el año que viene, podrían llegar a buen puerto bajo nuestra presidencia de la Unión Europea. Mucho más que simples anécdotas, ya que están profundamente vinculados a nuestro modelo de civilización, el desarrollo de las universidades europeas y el reconocimiento del derecho de autor frente a los GAFA son éxitos que se iniciaron en la Sorbona.

Dirán «¡vaya comentario más francés!» Siempre listos para atribuirse los méritos de Europa. Asumamos francamente una gran parte de estímulo francés en esta Europa que va cambiando. Y no olvidemos el cambio de metodología que permite que exista un éxito colectivo: desde hace cuatro años, el Presidente al frente, hablamos con todos, construimos coaliciones originales, que permitieron que toda la Unión se adhiriera al plan de recuperación o a la neutralidad climática en 2050. El elenco resultante de las elecciones europeas de 2019, con Ursula von der Leyen al frente de la Comisión y Christine Lagarde ocupando la presidencia del Banco Central, es fruto de este compromiso; ¡qué útil ha sido para hacer frente a la crisis, para que el «cueste lo que cueste» exista en Europa y en Francia!

«La respuesta a la crisis de la Covid ha demostrado que Europa ha dado la espalda a la austeridad»

Más allá de una u otra medida, es la mecánica europea la que ha cambiado. Era la de la debilidad geopolítica y de la ortodoxia económica. La respuesta a la crisis de la Covid ha demostrado que Europa ha dado la espalda a la austeridad; se dio cuenta, seguramente en parte por la negociación del Brexit y el estilo Trump, de que era necesario adoptar una postura firme y unida frente a los socios convulsos y a las potencias agresivas. Al contrario de hace algunos años, ningún país europeo considera que el salvamento procede de poner la alfombra roja a las inversiones chinas.

Populismo. No será nada nuevo, el populismo ya no trata de las temáticas de la salida, de la Unión o del euro. Más del 80 % de los votantes de Jean-Luc Mélenchon quieren permanecer en la UE, dos tercios de los de Marine Le Pen. En cuanto a la radicalidad, ésta ha pasado de incoherente a inconsistente: de verdadero rechazo a sensatez que no es más que una fachada, ¿qué proyecto europeo tiene Marine Le Pen? ¿El de su aliado Matteo Salvini, que alaba aMario Draghi celebrando « la irreversibilidad del euro»? Por supuesto, celebrar una victoria sería un error porque el populismo no es una ideología, es una anti-ideología, un virus que va mutando. Viktor Orbán, puede, en una misma frase, hacer ascos a Bruselas, eligiendo la vacuna china, y aprovecharse al máximo del marco europeo para la compra de dosis sin el que sería incapaz de vacunar a sus ciudadanos.

Pero, de este rápido balance, podemos extraer tres lecciones esenciales: primero, ¡la reforma de Europa es posible! Después, Europa suscita una expectativa: tanto los franceses como sus vecinos le reprochan no hacer lo suficiente, hacerlo demasiado despacio; ¿por qué no coordina las medidas sanitarias o las restricciones en las fronteras?, ¿por qué no entrega vacunas más rápidamente? Al fin y al cabo, a Europa no se la acusa de excederse, se la condena por su lentitud. Ahí es donde radica su reto vital.

El Brexit parece una prueba: a nuestras puertas, un país que se irá debilitando por su solitario camino; pero que tratará de compensar por su velocidad de acción, una agilidad de la que carece la Unión Europea. En cuatro años, Europa empieza a estar bien encaminada, pero no a la velocidad adecuada. Aún deja la sensación de ser una flotilla mercante rodeada de buques de guerra. No es el momento de cambiar de rumbo y de entregar el mando a los piratas de la democracia. Para impedirlo, lo que necesitamos es acelerar la transformación y las decisiones europeas. La Presidencia francesa de la Unión Europea no puede plantearse mejor camino: ser una acelerador de Europa.

Última modificación: 08/02/2022

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