350 aniversario de la Paz de los Pirineos (7 de noviembre 1659) [fr]

La Historia del Rey y la Paz de los Pirineos

Los dos grandes tapices del salón de recepciones, en la Residencia de Francia en Madrid, evocan la Paz de los Pirineos (1659), principal acontecimiento del reinado de Felipe IV que puso fin a cerca de treinta años de guerra entre Francia y España que habían agotado a ambos países.

Se buscaba sellar esta paz desde 1656 pero no podía ser porque incluía la boda de Luis XIV con María Teresa. Al ser esta la única heredera de Felipe IV hasta el nacimiento, en 1657, de su hermano Felipe Próspero (hijo de Felipe IV y de su segunda esposa, Mariana de Austria), su boda con Luis XIV antes de esa fecha habría aportado el trono de España a Francia, algo que su padre no podía aceptar en modo alguno.

Tras una tregua de dos años, en agosto de 1659, comenzaron las negociaciones entre el cardenal Mazarino y Don Luis de Haro, ministros de Francia y de España respectivamente, que terminarían tres meses más tarde, después de múltiples reuniones en las cuales se intercambiaron retratos y cartas personales entre Felipe IV y su hermana, Ana de Austria, ilusionados por renovar sus lazos fraternos y encontrarse en el corazón de la reconciliación política de ambos reinos. Los encuentros tuvieron lugar en la Isla de los Faisanes, terreno neutral situado en la desembocadura del Bidasoa, que servía de frontera entre España y Francia.

Se construyó en la isla un pabellón de madera con una distribución de salas simétrica, así como dos puentes: el francés dirigido hacia San juan de Luz y el español, hacia Fuenterrabía. El acuerdo final incluía acuerdos territoriales y políticos, entre ellos, la adquisición del Rosellón y de Artois por parte de Francia y la nueva frontera francoespañola que atravesaría los Pirineos. Pero la cláusula más relevante era el matrimonio entre Luis XIV y la infanta María Teresa quien renunciaría a los derechos de sucesión pagando en su lugar una dote de 500.000 escudos de oro. Sin embargo, esta dote nunca fue pagada, lo que propició el acceso de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, al trono de España en 1700, bajo el nombre de Felipe V.

Encuentro de Felipe IV y de Luis XIV en la Isla de los Faisanes (07 de junio de 1660)

L'entrevue de Philippe IV et de Louis XIV dans l'île des Faisans (1660) - JPEG
(photographie : Philippe Imbault)

Felipe IV decidió acompañar a su hija hasta la frontera y entrevistarse así con Luis XIV y la madre de este, Ana de Austria, hermana del soberano español. Salió de Madrid con su séquito el 15 de abril de 1660. Los séquitos reales de ambos países se componían de ministros, miembros de la Corte, criados, pajes, guardias de corps, la capilla, ayudas de cámara, damas de compañía, médicos, etc., es decir, miles de personas tal como relatan los dos testigos y cronistas de las cortes española y francesa, respectivamente Leonardo de Castillo (Viajes del Rey) y Madame de Motteville, dama de la reina madre (Memorias). Castillo afirma sobre el cortejo español que “cuando la vanguardia llegaba a Alcalá de Henares, todavía estaba saliendo el final de la comitiva del Alcázar”.

El enlace por poderes en territorio español se celebró en la última etapa del viaje, cerca del castillo de Fuenterrabía donde se alojaba el cortejo español. Ofició la misa el obispo de Pamplona en presencia de Mazarino. Fue necesaria una dispensa papal dado que los novios eran primos hermanos. Entre los regalos que recibió María Teresa, se encontraba el famoso broche de esmeraldas en forma de pera con brillantes que le ofreció Luis XIV y dos vestidos a la moda francesa, uno bordado con diamantes y otro con perlas, que le ofreció la reina madre.

Los encuentros duraron tres días, los 5, 6 y 7 de junio de 1660. El primero fue el más corto y el único que fue familiar y privado. Fue un momento de ternura y de recuerdos mutuos. Era la primera vez desde 1615 que la reina madre, Ana de Austria, volvía a ver a su hermano Felipe IV.

El encuentro que tuvo lugar el 7 de junio de 1660, exigió siete meses de preparativos durante los cuales, el pintor Velázquez, Gran Aposentador de Palacio de Felipe IV, que entonces tenía 61 años y que moriría unos meses después de este encuentro, se encargó de engalanar la parte española del pabellón de la Isla de los Faisanes y el Castillo de Fuenterrabía. Cada país decoró su parte del pabellón con las más hermosas piezas de sus patrimonios reales.

Felipe IV y su familia llegaron por vía fluvial en su lujosa gabarra real seguida de un cortejo de embarcaciones, mientras que Luis XIV, su madre, Ana de Austria, Felipe de Orleans, hermano del Rey, Mazarino y su séquito llegaron desde Francia por vía terrestre.

Tras las reverencias y saludos protocolarios, las dos delegaciones reales intercambiaron unas palabras, con Mazarino como intérprete pues había estudiado en la Universidad de Alcalá. De rodillas, ante crucifijos, los dos soberanos juraron la paz y la amistad y se comprometieron a respetar las cláusulas del Tratado. El tapiz recoge la escena después de la firma, cuando Felipe IV, de 54 años, y Luis XIV, de 22, en el centro, frente a frente, se estrechan la mano.

Detrás de Felipe IV se encuentran su hija, la infanta, y el primer ministro, Don Luis de Haro, Marqués del Carpio, que representó a España en las negociaciones y que fue nombrado por el rey Duque de Montoro. La infanta, quince días mayor que su primo, tenía 22 años. Era la hija de Felipe IV de España y de la primera esposa de este, Isabel de Borbón, hermana de Luis XIII. María Teresa seguía vistiendo a la moda española, con un guardamantas de satén blanco con bordados de azabache; adornaba su cabello rubio el broche de esmeraldas en talla pera con diamantes que le había ofrecido Luis XIV. Del lado francés, detrás de Luis XIV, descubrimos a Mazarino, a su madre, Ana de Austria y a su hermano, Felipe de Orleans.

Cada parte contaba con cerca de treinta testigos para la firma del Tratado, separados por la línea imaginaria de la frontera. Fue entonces cuando, tras mirar detenidamente a Turenne, Felipe IV repitió varias veces: “Este hombre me ha dado bastantes quebraderos de cabeza”.

Madame de Motteville insiste en sus Memorias en el contraste entre los ropajes de ambas delegaciones: pompa y ostentación para los franceses, y sobriedad, incluso austeridad, para los españoles. Sin embargo, Charles Le Brun modificó la uniformidad del color de los españoles, lo que fue reprobado por Luis XIV: “Ha pecado contra la verdad de la historia y sacrificado la gravedad española a la urbanidad francesa”.

Esta pieza constituye el segundo ejemplar y el más célebre de la famosa serie de catorce tapices de La Historia del Rey, tejida de 1665 a 1668 siguiendo un cartón de Charles Le Brun.

La inscripción que figura en la bordura es la siguiente: Entrevista de Luis XIV, Rey de Francia y de Navarra, y de Felipe IV, Rey de España, en la Isla de los Faisanes, en el año 1660, para la ratificación de la paz y para el casamiento de Su Majestad muy cristiana, con María Teresa de Austria, Infanta de España”.

Boda de Luis XIV con María Teresa de Austria en la iglesia de San Juan de Luz (9 de junio de 1660)

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Le mariage de Louis XIV avec Marie-Thérèse d’Autriche en l’Eglise de St Jean de Luz (1660)

(photographie Philippe Imbault)

El 8 de junio, Felipe IV se despidió de su hija y emprendió su regreso a Madrid, que duraría dieciocho días. Conocemos la tristeza que le invadió en ese momento gracias a su correspondencia personal: “Me entristece profundamente tener que ofrecer y sacrificar la prenda de mi vida para facilitar este negocio y tener que apartarme de esta hija a quien quiero tiernamente”. Fue un trago amargo para el Rey que recuerda al sacrificio de Isaac.

María Teresa, nacida en El Escorial en 1638, y que moriría en Versalles en 1683, era la hija de Felipe IV y de Isabel de Borbón, nieta de Enrique IV y de María de Médicis. Había heredado la elegancia y la distinción de los Habsburgo y el talento y el carácter afable de los Borbones. El Duque de Grammont, que la conoció cuando viajó a Madrid con la embajada para pedir su mano, escribió a Luis XIV alabando su belleza, la blancura de su piel, sus vivos ojos azules, su cabello rubio y su elegancia y añadió: “en cuanto a su cuerpo, no puedo opinar porque llevaba un guardamantas de dos metros de ancho”.

El tapiz recrea la escena de la solemne boda en la iglesia de San Juan de Luz. Aquel día, María Teresa estaba peinada y vestida a la francesa y llevaba un manto de terciopelo azul y violeta con motivos de flores de lis de oro, parecidos a los que cubrían el estrado. En la iglesia se habían levantado “dos altos palios de terciopelo violeta salpicados de flores de lis de oro, y el estrado estaba cubierto de la misma forma, es decir, la alfombra, las sillas y los cojines: todo cubierto de flores de lis de oro... El rey vestía traje negro y no llevaba pedrería alguna.” (Memorias de Madame de Motteville). La reina madre vestía ropaje real y una corona cerrada. Se observa que todos los personajes representados son franceses.

Antes de iniciar la misa, Jean Dolce, obispo de Bayona, llevó al rey el anillo que este entregó a María Teresa. Este es el momento que recoge el tapiz que, al igual que los demás de la serie, se concibió a la gloria del Rey Sol, está impregnado de ese aire majestuoso que tanto gustaba al soberano en cuya figura se aprecia la vestimenta ostentosa y una estatura superior a la real.

Charles Le Brun logró transformar la escena de la boda celebrada en una sencilla y pequeña iglesia de pueblo, en un espectáculo grandioso.

Después de la misa, el rey, la reina, la reina madre y el hermano del rey cenaron juntos. Seis días más tarde, la familia real y la Corte abandonaron San Juan Luz en dirección a Burdeos para alcanzar finalmente París el 26 de agosto de 1660, donde hicieron una solemne entrada.

María Teresa tuvo seis hijos pero solo sobrevivió Luis, el Gran Delfín. Según la princesa Palatine, la reina María Teresa confesó en su lecho de muerte que solo había conocido un día de auténtica felicidad, tal vez fuera el de su boda.

La inscripción que figura en la bordura del tapiz es la siguiente: Ceremonia del matrimonio de Luis XIV, Rey de Francia y de Navarra, con la serenísima Infanta María Teresa de Austria, hija mayor de Felipe IV, Rey de España.

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Última modificación: 15/09/2017

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